VIVE LA SEMANA SANTA CON NOSOTROS

 
 

COFRADÍA NAZARENOS DE LA PASION DE TORTOSA

Al final venía Nuestro Señor, los pies desnudos y ensangrentados, abrumado bajo el peso de la Cruz, temblando, lleno de llagas y heridas, debilitado por la pérdida de la sangre y por no haber comido ni bebido nada desde la víspera, devorado de calentura y de sed y asaeteado por dolores infinitos.

Con la mano derecha sostenía la Cruz sobre su hombro derecho; con su mano izquierda, exhausta, hacía de cuando en cuando esfuerzos para levantarse su larga túnica, con la que tropezaban sus pies heridos.

Cuatro soldados tenían a grande distancia la punta de los cordeles atados a la cintura; los dos de delante le tiraban; los dos que seguían le empujaban, de suerte que no podía asegurar su paso.

Sus manos estaban heridas por las cuerdas con las que se las habían atado; su cara estaba ensangrentada e hinchada; su barba y sus cabellos manchados de sangre; el peso de la Cruz y las cadenas apretaban contra su Cuerpo la túnica de lana, que se pegaba a sus llagas y las abría.

A su alrrededor no había más que irrisión y crueldad; mas su boca rezaba y sus ojos perdonaban.
 
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